No me hace ninguna gracia vivir en un país y pertenecer a una sociedad en la cual creo que los conceptos de dignidad y esfuerzo son además de desconocidos para la gran mayoría objeto de burla para otros tantos.
Hay veces que cuando hablo con alguien de mi trabajo y planteo algunas de las premisas con las que me levanto cada día para ir a ganarme las habichuelas muchas veces tengo la sensación de que soy una pringada, una perdedora que no se disfrutar de la vida, que se esfuerza demasiado para nada y que en realidad con mucho menos esfuerzo y dedicación iba a tener los mismos resultados. Para mi nada más lejos de la realidad.
Pienso que en un país con más del 23% de tasa de paro, una reciente huelga general con pérdidas millonarias, no solo materiales sino también en cuanto a la confiaza de muchos inversores extranjeros, y que no ha servido absolutamente para nada útil deberiamos ser más los que decidimos personalmente hacer nuestra propia aportación a la causa e invertir nuestro esfuerzo, nuestras ganas y nuestra energía en salir adelante, dejando de mirar por los intereses personales de cada uno y pensando un poco más en el bien general.
Seguro que la cosa suena a utopía, pero estoy convencida de que sólo hay una forma de salir de esta y es ayudarnos los unos a los otros dentro de nuestro radio de acción más próximo. Todos podemos hacer algo que ayude a alguien que está en nuestro entorno cercano por mejorar sus situación. Estoy segura de ello. A mi personalmente es lo único que me queda, porque a estas alturas no confio ni en un Gobierno que decide lo que decide porque desde Europa no le dejan otra alternativa, ni en una oposición cada vez más radical que busca la confrontación para tener alguna mínima posibilidad de cara a unas futuras elecciones ni en unos sindicatos que solo representan los intereses individuales de una élite que está donde está porque es una de las pocas formas de asegurarse el puesto de trabajo en una época de despidos masivos.
Las revueltas no pueden ser autorizadas. Si hay una revuelta debe ser por convicción y no por apoyo legal. Si hay ciudadanos de primera y de segunda (¿que va a pasar con Urdangarin después de que haya robado hasta el papel del vater por allá por donde pasaba? y ¿que pasa con Froilan? A otros padres ya se les habría retirado la custodia de ese niño, pero no, la ley no es igual para todos)salgamos a la calle y hagámoslo porque las ideas y la convicción nos legitima para ello, no porque haya un mecanismo legal que permita montar una protesta autorizada bajo la cual amparar unas quejas sin fundamento y sólo con la barbarie y el destrozo como única finalidad.
Y encima hay que oir idioteces como "Soy español, dime a que quieres que te gane" y todo por destacar en algunos deportes en estos últimos días..Pero somos idiotas? Si no tenemos ni para comer!!! Eso sí, el orgullo españolito que no nos falte.